En el siglo XX Eduardo VIII abdicó al trono británico para casarse con su norteamericana divorciada. Pero antes tuvo que quitarse la corona porque entonces el divorcio estaba penado y, en aquellos parajes donde todavía reinaba el espíritu del puritanismo y la represión victoriana, la élite política y la aristocracia no aceptaban intromisiones.
El 6 de mayo de 2023, después de 70 años de ser el heredero, Carlos protagonizará una de las ceremonias más relevantes para el Reino Unido: la coronación como monarca en la Abadía de Westminster. Nuevamente dos piezas de relevante importancia histórica, sentirán la brisa londinense, ya que suelen estar encerradas en la Torre de Londres.
Carlos III entrará con la corona de San Eduardo. Esta joya es pura historia, ya que desde 1661 está cumpliendo con sus funciones. Eran tiempos de Carlos II y su creador fue un alcalde de Londres, quien además ostentaba el cargo de orfebre real: sir Robert Viner. Produjo varias joyas relevantes para la corona.

La corona es de oro macizo y en ella destacan las incrustaciones de piedras preciosas, entre las que se cuentan 345 aguamarinas de talla rosa, 37 topacios blancos, 27 turmalinas, 12 rubíes, 7 amatistas, 6 zafiros, un granate.
Se pueden apreciar cuatro flores de lis y cuatro cruces patteé o cruz templaria, pesa más de 2 kilos y también presenta una espinela de terciopelo color granate y su base la rodea una franja de armiño. También estuvo en un momento similar en las cabezas de Jaime II, Guillermo III, Jorge V, Jorge VII e Isabel II. Su precio está calculado en uno 4 millones de libras esterlinas.
La corona de Estado
Esta joya, que también se guarda en la Torre de Londres, es la misma que utiliza el monarca todos los años para la apertura del Parlamento.

Sobre su base de tres kilos de oro se posan 2.783 diamantes, 17 zafiros, 277 perlas, 11 esmeraldas y 5 rubíes. El zafiro central es el de Eduardo El Confesor y formaba parte del anillo del rey, con el cual fue enterrado. Años más tarde se rescató, colocándolo en la corona de Henry I. También se puede ver un rubí que perteneció a una de los moros reyes de Granada, asesinado por Pedro de Castilla. Algunas de las perlas formaron parte del joyero de Isabel I y uno de los brillantes Cullinan que Eduardo VII ordenó que se colocaran en esa corona. Otra piedra relevante es el zafiro Steward, que data del siglo XIII y cuyo primer propietario fue Alejandro II de Escocia.
La reina consorte no estrenará corona
La reina consorte también será coronada en esa ocasión, pero a diferencia de sus antecesoras no estrenará corona, sino que utilizará la misma joya que llevó María de Teck, la abuela paterna de Isabel II. Muchos pensaban que se ceñiría la de Isabel Bowes-Lyon, pero podría ser una decisión que generara controversia ya que en esa corona está el diamante Koh-i-noor o Montaña de luz, reclamado por la India. Su base es de plata, revestida en oro y con 2.200 diamantes. Pesa 700 gramos. Tiene 8 arcos y se retirarán cuatro de ellos.
Pero Camilla no ha sido la única reina en no estrenar corona, tampoco lo hizo Carolina, esposa de Jorge II, quien utilizó la de María de Módena.
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