Inicio Calidad Humana El Amor sana, también en pandemia

El Amor sana, también en pandemia

por Nory Vargas Bravo

La pandemia nos ha obligado a mirar la familia y la convivencia para reinventarnos y hacer las cosas de maneras diferentes, aprender de lo que no sabíamos, buscar nuevas herramientas e ir hacia nuevas oportunidades, a reaprender sobre el amor y la convivencia.

Después del encuentro con este maestro virulento de la pandemia, me sentí motivada a compartir mi experiencia y el efecto sanador que el amor tiene en nuestras vidas, en especial cuando atravesamos alguna crisis y cómo ayuda en estos tiempos de cambios acelerados.

Mi invitación es a ampliar nuestro marco de referencias, revisar creencias limitantes que tenemos sobre el amor, los miedos, el cambio y la enfermedad, para que tales eventos se conviertan en una oportunidad de evolucionar hacia más consciencia sobre el ser humano.

La pandemia nos dio espacios y tiempo para mirar hacia dentro al quedarnos en casa, nos regala la oportunidad de ordenar tanto la de afuera como la interna, que es nuestro Ser: mente, emociones, cuerpo. Ha sido un maestro que llega cuando otros más benevolentes no fueron atendidos para revisar y afrontar lo que nos está tocando vivir como humanidad.

Este frenazo repentino paró la carrera interminable por tener y acumular. Lidiar con menos espacios, alternativas y poca privacidad en casa, además de atender las tareas y a los hijos, ha generado conflictos o más cercanía en las relaciones. Nos obligó a mirar la familia y la convivencia para reinventarnos y hacer las cosas de maneras diferentes, aprender de lo que no sabíamos, buscar nuevas herramientas e ir hacia nuevas oportunidades, a reaprender sobre el amor y la convivencia.

Los rostros del amor

El manejar las relaciones se ha hecho imperativo y ver las distintas caras del amor es un regalo. El amor con la Neocorteza es el aprecio y el asociarme con lo mejor de mí y del otro, para salir del juicio y la crítica que me llevan a ver más lo que falta o lo que no me gusta. El amor con el Cerebro Límbico, es sentir el amor por mí y por el otro, conectarme desde el corazón para sentir la fuerza del amor incondicional, que me ayuda a sanar la rabia, la tristeza y las separaciones, para seguir en conexión. El amor con el Cerebro Básico, es el saber acompañar en silencio, escuchar sin aconsejar, comprender y quedarme con el otro a pesar de las diferencias.

Las investigaciones sobre el cerebro del corazón, ratifican que esta conexión Cerebro-Corazón es el puente hacia mayores niveles de consciencia y nos enseñan que nuestra verdadera naturaleza es el amor, por cuanto las experiencias de amor y gozo son las que generan las endorfinas, es decir, la química en el cuerpo que hace que nos sintamos felices y sanos.

Vivir el amor con respeto y aceptación de que cada ser humano es único, requiere amar al otro tanto “como a ti mismo”, es comenzar a ACEPTARTE, APOYARTE Y RECONOCERTE, para poder aceptar las diferencias con el otro y lidiar con ellas, nadie viene a nuestras vidas a llenar los vacíos y cumplir con expectativas. Confundir amor con necesidad es el camino al drama relacional.

Vivir después del virus, nos recuerda valorar la salud, expresar gratitud y aprecio por quienes convivimos, encontrar más gozo en lo cotidiano, sentir más amor por sí mismo, establecer prioridades, hacer balance entre el Ser, el Hacer y el Tener, entre el Dar y el Recibir y entre las responsabilidades, el descanso y el disfrute.

Imagen destacada Pexels

Notas relacionadas

Deje un Comentario

Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia. Asumiremos que está de acuerdo con esto, pero puede optar por no participar si lo desea. Aceptar Leer Más